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Un romance a prueba de siglos

Don Suero reenamora a Leonor de Tovar firmando de nuevo la gesta del Passo Honroso ante miles de espectadores.

A.G. VALENCIA | HOSPITAL DE ÓRBIGO 08/06/2015

Un pueblo engalanado, un torneo histórico y una gesta que volvió a sellarse a orillas del Órbigo. Nervios, aplausos y silencio a la espera de la entrada triunfal de Don Suero de Quiñones, aquel caballero leonés a quien se deben las Justas. A lomos de un corcel blanco, victorioso entró el jinete en el palenque. A un lado los más fieles a la época y enfrente los que viven la batalla con el atuendo del siglo XXI. No faltó detalle y Hospital de Órbigo volvió a viajar el medievo para disfrutar de las hazañas del caballero, sus mantenedores y el amor de Leonor de Tovar, la dama a quien Don Suero quiso demostrar su valentía. Cuenta la tradición que 300 lanzas se propuso romper. Una empresa sólo apta para un jinete de sangre leonesa.

Nadie quiso perderse la batalla. El puente del Passo Honroso fue el mejor balcón, a sus pies pasaron desfilando los pendones, las fieles damas de la fiesta — a quienes su dedicación les ha valido el reconocimiento de Caballero del Passo—. Sus arcos florales y sus bailes precedieron a los frailes de Camino, a los árabes llegados de reinos lejanos y a los infantes reales, abrazando al regidor de la villa, Enrique Busto, que junto al mantenedor, Fernando Salguero, el director de la Agencia de Protección Civil, presidieron las Justas. «¡Qué empiece el torneo!», anunció Salguero, animando a Don Suero a luchar contra cualquier caballero que pise el puente y pidiendo la purificación llegada de las aguas del río, que baña el pueblo.

Sin dudar comenzó la gesta. Una hazaña épica que hace seis siglos puso el nombre de Hospital en lo más alto de la valentía. 581 años después la leyenda volvió a reescribirse. Ayer con el puño, la letra y las lanzas de los caballeros del siglo XXI, un reconocimiento que el mantenedor hizo extensivo a todos los miembros y voluntarios que forman parte de Protección Civil, «ellos que de forma anónima y altruista velan para que todo salga bien».

Salguero comparó estos tiempos «difíciles» con aquellos de Don Suero, en el siglo XV, «es la actitud de los soñadores», aseguró, «tenemos que aplicar sus enseñanzas y como hacen los voluntarios de la protección ciudadana, tener determinación, compromiso y una cierta dosis de idealismo».

La batalla se fraguó, entre esa mezcla de leyenda y realidad. Esa que cada año escribe nuevos renglones a la épica. Esa en la que todo un pueblo se vuelca. La misma que vale un puente centenario y una mirada enamorada de un caballero valiente. No sólo Don Suero se debió a las Justas, también sus compañeros ‘resucitaron’ en el torneo. Lanzas, destreza, historia y actualidad. Hospital vibró orgulloso, los visitantes se llevarán un recuerdo imborrable y, mientras, la gesta se sigue alimentando a lomos de un caballo y a las orillas del río Órbigo.